Alberto Arebalos Google expone sobre los problemas que el nuevo periodismo digital plantea a la deontología.
Los dilemas éticos del periodismo online
diciembre 29, 2008Los dilemas éticos del periodismo online
diciembre 29, 2008En este video, el periodista colombiano Javier Darío Restrepo, resume su participación en el Seminario “El futuro del periodismo en Internet
y la profesionalización de la redacción online” realizado en Bogotá D.C. el pasado mes de noviembre.
LA REALIDAD ES DIGITAL
diciembre 29, 2008LA REALIDAD ES DIGITAL
Textos de referencia:
-SALAVERRÍA, Ramón: ¿Cómo escribir para la prensa digital?
-GARZA ACUÑA, Celso José: Vigencia del relato como sentido de la realidad.
-GARCÍA AVILÉS, José Alberto: La convergencia de redacciones.
(Los tres artículos fueron tomados de la sección Biblioteca del blog www.robertoigarza.wordpress.com)
Visita guiada
Entremos a una casa moderna. Aquí está la cocina. Es una extravagante combinación de tecnologías: horno de microondas, extractor de aire, un par de procesadoras de alimentos, dos heladeras, una con freezer. En total, debe haber media docena de microprocesadores, más una cantidad indefinida de motores, bombas e interruptores digitales.
En el comedor, la luz eléctrica es una veterana del hogar. Recientes son el decodificador de la TV satelital y esa notebook abierta sobre la mesa. En la pantalla de cristal líquido se ve un mail a medio redactar; la pequeña computadora está conectada a Internet por medio de una red inalámbrica. Las cartas ya no se escriben como antes.
La sala mantiene un estilo despojado. Así, la gran pantalla de 29 pulgadas del televisor y el equipo de home theatre no desentonan con las puertas y ventanas de otro tiempo. Las luces que se ven debajo del televisor son de dos reproductores de DVD y una videograbadora; al lado hay una impresora de fotos digitales. Sobre la mesa ratona, los controles remoto.
Al estudio en el primer piso, se llega por medio de una escalera luego de pasar por el cuarto donde dormitan miles de libros y donde, curiosamente, no hay nada de tecnología, salvo la de ese pequeño tablero iluminado en la pared: es la alarma. Las aberturas de la casa están monitoreadas por sensores magnéticos y las habitaciones por ojos infrarrojos capaces de detectar cualquier movimiento.
Arriba es donde más se siente que han pasado 60 años desde los primeros días de esta casa. El paso del tiempo se nota en las dos grandes pantallas de las computadoras conectadas a la red inalámbrica, el modem ADSL, que titila junto a la línea telefónica, la impresora láser y el teléfono inalámbrico, que no solo contiene un directorio de números, sino que además, muestra en su pantalla quién llama y responde automáticamente si no hay nadie en la casa.
Importantes también para la vida digital, se ven el cargador del reproductor de MP3, la cámara digital, la lectora de tarjetas de memoria y un escáner, que se usa para convertir documentos de papel en textos de computadora. También, un joystick y un gamepad. No todo es trabajo aquí y podemos jugar en red cuando tenemos ganas de disfrutar del ocio. Una generación atrás habríamos apelado a los naipes.
Si abajo hay miles de libros, aquí se amontonan centenares de discos compactos, cajas con software y discos de respaldo, aparte de una creciente colección de películas en DVD. Casi todas las fotos en las paredes son copias en papel de imágenes digitales.
La casa debe estar bastante desconcertada. Todo ha cambiado en poco tiempo: la forma de cocinar, de comunicarnos, de informarnos, de trabajar y entretenernos. Ha cambiado el mundo que nos rodea. ¿Hemos cambiado también nosotros para estar a tono?
La nueva comunicación
El uso de las nuevas herramientas tecnológicas de la comunicación que supone la expansión masiva de la telefonía celular en el mundo y en nuestro país confirma las reflexiones formuladas en las sucesivas reuniones de la Cumbre Mundial de la Información (Ginebra 2002-Túnez 2005) y en reuniones regionales como las de la Unión Europea en las que se sostuvo que “a pesar de los efectos generales de las TICs, su impacto sobre las sociedades y sobre las economías todavía se encuentran en su fase inicial”. (1)
En nuestro país se estima que hay más de 40 millones de teléfonos celulares. En 2005 había 34 millones registrados, según datos de la AFIP. A mediados de 2006 se indicaba que la cantidad de aparatos superaba el 75% (2). Los datos conocidos también consignan que el 73% de los celulares tenía seis meses de uso, lo cual señala que la renovación de los equipos es cada vez mayor y la edad promedio de los actores de esos cambios es de 32 años.
La creciente convivencia con las nuevas tecnologías, como reconoce, Ramón Salaverría, la investigación, producción y difusión informativas han evolucionado radicalmente. Incluso los perfiles del periodista, el medio y el público han experimentado cambios de fondo. Sin embargo, este autor considera que hay un ámbito en el cual apenas se ha comenzado a dar los primeros pasos: el lenguaje ciberperiodístico.
“Al igual que hicieron la radio y la televisión en sus inicios, los cibermedios han tomado prestados de sus predecesores, sobre todo de la prensa, los géneros y los estilos periodísticos. Tipos de texto como la noticia, la entrevista, el reportaje, la crónica o la columna de opinión han encontrado nuevo acomodo en los cibermedios. De igual modo, el estilo impersonal, la estructura del titular y el texto, y la pirámide invertida se han trasladado, entre otras rutinas del estilo informativo clásico, a las publicaciones digitales. Pero este solo ha sido el punto de partida.” (3)
Considera el autor que, a partir de esas formas heredadas, los cibermedios han comenzado a buscar sus propios estilos, diseñando lenguajes particulares que permitan aprovechar los amplios recursos de la plataforma digital, que abre un abanico abundante de posibilidades. La plataforma digital ofrece nuevas claves lingüísticas que resultan de la aplicación de la tecnología y que los profesionales del periodismo deben conocer, dominar y aplicar. Entiende Salaverría que la configuración de un nuevo lenguaje para los cibermedios pasa por incorporar especialmente tres novedosos ingredientes para el periodismo: multimedialidad, intertextualidad e interactividad.
Y ¿qué necesitan los periodistas para enfrentarse al primer reto de la multimedialidad? Responde Salaverría:
“Ahora, un periodista debe saber contar una historia indistintamente con palabras, con imágenes y con sonidos. Es el reto de la multimedialidad. Debe saber cuándo una noticia reclama un protagonismo del texto, y cuándo, por el contrario, una imagen o un sonido hacen que sobren mil palabras. Más aún: llegado el caso, debe saber contar la historia con textos, imágenes y sonidos a la vez. El desarrollo del lenguaje multimedia, en suma, no tiene que ver tanto con el dominio tecnológico de ciertos programas o aparatos informáticos, como con la capacidad de articular formas de expresión periodística que, hasta la fecha, los periodistas han mantenido alejadas unas de otras.”
La hipertextualidad, a su vez, es la capacidad, propiciada por la red, de organizar estructuras discursivas, lineales y no lineales, mediante unidades unidades de contenidos multimedia (textos, imágenes y sonidos). ¿Qué actitud les corresponde adoptar a los periodistas para valerse de este ingrediente? Responde Salaverría:
“Los periodistas deben aprender a aprovechar las posibilidades hipertextuales de la red para imprimir profundidad y riqueza a sus informaciones. Esto no significa solo que se acostumbren a incluir enlaces en sus textos(…) El verdadero aprovechamiento del hipertexto implica aprender a disponer de manera estratégica las unidades de contenido o nodos para articular un discurso coherente, completa y hasta múltiple.”
Una de las principales objeciones que se han hecho a los medios de comunicación es su carácter unidireccional. El emisor envía sus mensajes al receptor y este, en actitud pasiva, los recibe sin otra participación en el proceso comunicativo. ¿Cómo funciona la interactividad y qué efectos produce en la actividad periodística? Responde Salaverría:
“En la red, este monipolio de la palabra se ha roto. Como demuestran los pujantes fenómenos de weblogs y los foros, hoy, cualquier persona tiene la posibilidad de difundir sus mensajes a públicos diversos. En su relación con los cibermedios, tienes asimismo mayor capacidad de elección y de respuesta. Y la usan. Saber escuchar y prestar la voz a estos nuevos lectores activos y exigentes es quizás la última gran lección que deberán aprender los nuevos periodistas.”
El autor exhorta a los profesionales del periodismo a realizar un esfuerzo de creatividad y aprendizaje del uso de las nuevas tecnologías y no quedar amarrados a los límites de modelos tradicionales. Advierte que los medios que no incorporen los modernos recursos se arriesgan a perder su futuro público, formado por los jóvenes de hoy, acostumbrados al lenguaje audiovisual y a los contenidos lúdicos e interactivos.
El relato periodístico
Esta valoración del periodismo digital que hace Salaverría, ¿implica un apartamiento absoluto del periodismo anterior, más sujeto al texto, no interactivo y monomediático? En algún sentido, sí. En otro, no. Al menos, esto es lo que postula Garza Acuña, quien aceptando todas las innovaciones que demanda e incorpora el nuevo periodismo digital, rescata un formato periodístico al que considera el más apto para la función de informar. (4)
En un trabajo que constituye su tesis doctoral, plantea una reivindicación literaria del relato periodístico, tal como se ha hecho desde el siglo XVIII, sin perder el rigor con que deben aplicarse las reglas de juego de la profesión periodística: no inventar, no mentir, no tergiversar.
Según Garza Acuña, el relato forma parte de la condición humana y es el instrumento por excelencia con el que se aplica la narración periodística, nutrida del proceso de: enterarse, informarse, verificar, escribir y publicar.
Sostiene esta autor: “Como la literatura, el periodismo es una condición que el relato adquiere por sus procedimientos y sus fines. Porque en un relato podrán diluirse las distinciones entre periodismo y literatura, pero en periodismo se imponen las formas y los propósitos de obtener y elaborar información (…) Los soportes tecnológicos para la recopilación y la transmisión de la información son los que evolucionan; la búsqueda formal y estructural que desemboca en la fusión de géneros es lo que se mantiene como una constante en los periodistas de diversas generaciones y geografías.”
Garza Acuña afirma que la vigencia del periodismo es la intuición de los reporteros de todos los tiempos por registrar personas y escenarios desconocidos, con un profundo sentido de la precisión y el detalle en las descripciones y en respuesta y en respuesta a las exigencias de un mundo que reclama historias para entenderse. La noticia tiene que resolverse en un relato original, atractivo e interesante. La convicción de que la información periodística se constituye en un relato, se revela en el modo generalizado en que los profesionales introducen sus informaciones: les cuento, contanos, nos relata, etc. El énfasis en la forma del relato no significa que se desmerece la verdad de la información, centro de la actividad periodística. Pero, en este sentido, Garza Acuña, reconoce que el concepto de verdad concebido como un disciplinado y responsable acercamiento a la realidad ea y ha sido una aspiración válida y necesaria.
Es una de las tensiones del ejercicio periodístico junto con la pretendida objetividad. “Pero lo que en realidad ha estado siempre en la mira es la credibilidad” Y continùa: “esa es la aspiración concreta, contundente, a partir de la exactitud de la información y la precisión en el lenguaje, verificación y cotejo de lo que se escribe, con la realidad. Sí. Existe una crisis en la elaboración de relatos a medio camino entre la literatura y el periodismo, entre la realidad y la ficción. Si de credibilidad se trata ¿podrá entonces el reportero inventar de manera legítima a un personaje para contar una historia? De ningún modo. La crisis habrá de superarse con claridad y la aplicación de las reglas del juego con implacabilidad. El único camino por el que el periodismo accede a la credibilidad es a partir de la verificación y precisión en la información y en el lenguaje.”
De acuerdo con los criterios de este autor, la información periodística no es únicamente una cuestión informativa, esto es, un asunto de contenidos, que reflejan o traducen una parte de la realidad. La transmisión de noticias es, fundamentalmente, formativa, constitutiva de la realidad. Está dentro de ella y la vive mediante la construcción de un relato de diseño particular, que contribuye a la formación de la realidad con credibilidad.
Para elaborar un relato de tales característica, se debe respetar un procedimiento de cuatro fases que Garza Acuña define así:
a)Observación y penetración en los escenarios de manera profunda.
b)Indagación y recopilación de la información de manera minuciosa
y detallada.
c)Desterrar mitos, convenciones, tópicos y prejuicios a favor de la
verificación.
d)Aplicación de técnicas narrativas.
El acento destacado de estos cuatro factores está puesto por el autor en el último punto: la aplicación de técnicas narrativas. Sobre esta fase, sostiene:
“La voluntad por determinar esquemas formales y estructurales para trasmitir la información late en el interior de cada relato y es, de hecho, la seña de identidad que los hace únicos en el universo de la información. Se cumple con el propósito informativo y se estimula también la imaginación y la sensibilidad, y para ello los autores se valen de una serie de procedimientos y recursos literarios reivindicados desde las técnicas del realismo que Tom Wolfe les daría sentido como el estilo Nuevo Periodismo. Esos procedimientos y recursos literarios pasan por la adquisición de una ruta discursiva (explicar o mostrar) o la yuxtaposición por medio del estilo indirecto libre: descripción, transcripción y uso de diálogos, el empleo de puntos de vista y la elección, como narradores, de desaparecer de los relatos, escondidos en la tercera persona, o intervenir como personajes protagonistas explícitos, a través de la primera persona del singular. Estos procedimientos tienen como unidad fundamental del trabajo la reconstrucción de escenarios, ambientes y atmósferas, y, en este sentido, los relatos están elaborados como collages narrativos, integrados a partir de fragmentos de escenas o transcripciones no necesariamente independientes unos de otros, pero tampoco aislados.”
Para Garza Acuña, el reportaje es la síntesis de todos los géneros narrativos que interpretan el mundo, porque se vale de todos los géneros para integrarlos y crear su propio diseño. Al comparar y distinguir, a propósito del reportaje creativo, al periodismo con la literatura, explica que si el novelista extiende los límites de lo real, creando más realidad con la imaginación, el periodista alimenta al novelista, porque muestra con creatividad esa realidad que el novelista habrá de expandir y modificar. El periodista primero muestra la realidad, el novelista después imagina en torno a esta. El periodista construye historias narradas como símbolo de la realidad, el novelista ajusta la realidad a sus intereses narrativos.
Con palabras de Garza Acuña:
“La raíz de la vocación del periodista es un sentimiento de amor a la vida. El periodismo no renuncia a la realidad, la asume y la reconstruye para mostrarla, para exhibirla, y para ello sí se exige talento y dominio de las técnicas narrativas, imaginación, creatividad y disciplina. (…) La vida toda es materia del periodismo y lo único que nos solicita es ejercer4 el talento y la libertad para funcionar como escritores que recopilen información como reporteros; reporteros que elaboren información como escritores. (…) El periodismo jamás desaparecerá como expresión que registra la actividad humana. Indagar, investigar, preguntar e informar son los grandes desafíos eternos. Sin importar la dirección de nuestras predicciones, el futuro de los buenos periodistas será más brillante que el de muchas personas que auguran nuestra desaparición.”
NOVELISTA
Toman como referencia la realidad.
Crea más realidad con la ficción.
Expande y amplía la realidad con la imaginación
Ajusta la realidad a sus intereses narrativos.
PERIODISTA
Toman como referencia la realidad.
Alimenta al novelista al mostrarla la realidad.
Muestra la realidad con creatividad.
Construye historias narradas como símbolo de la realidad.
El autor concluye su revaloración del trabajo periodístico como expresión del relato creativo con estas palabras:
“El periodismo no muere: los medios se transforman y la profesión se fortalece cuando pone de manifiesto la vigencia del relato como sentido de la realidad.”
Nuevos periodistas para un nuevo tiempo
Si, como afirma Salaverría, este nuevo periodismo digital necesita periodistas preparados para enfrentar la multimedialidad, la hipertextualidad y la interactividad y, como postula Garza Acuña, debe recuperarse el relato periodístico e incorporarlo a las nuevas tecnologías, entonces ¿cuál es el método adecuado para que los profesionales logren utilizar eficazmente los recursos? Una respuesta apropiada es la convergencia de redacciones.
Esto implica una redacción completamente integrada en la que Internet funciona como la principal fuerza horizontal integradora. En este ámbito, los periodistas deberán ser capaces de trabajar en línea y fuera de ella, al mismo tiempo y con todas las noticias. Requiere la instalación de un sistema editorial multiplataforma integrado, en el que se pueda trabajar con imágenes, palabras y sonido al mismo tiempo, con una estructura asentada en un editor multimedia que supervise todas las operaciones.
La convergencia de redacciones que postula García Avilés (5) demanda un cambio de actitud en el modo en el que se plantea la captación, elaboración y distribución de noticias. Según Kerry Northrup (6) la convergencia es el núcleo de una empresa de servicios basados en la información, y entiende que los medios tradicionales están pasando de un modelo basado en la producción a otro más complicado basado en la gestión de la información.
Un ejemplo ilustrativo, expuesto en el artículo, lo constituye el Grupo Tribune, cuyos directivos decidieron transformar el esquema tradicional de las redacciones en 1997 y utilizar el mayor número posible de plataformas para informar. En el 2000, las redacciones de los tres medios comenzaron a colaborar más estrechamente. Cuando el Tribune dispone de una primicia o un trabajo de investigación, no solo los comparte con las redacciones de la radio y del canal de cable, sino que se busca el modo más eficaz de difundirlos, que les permita conseguir mayor eco en la comunidad.
En el caso del ejemplo, funciona así: “Un redactor de prensa consigue una información y, antes de preparar la versión que se publicará en la edición del día siguiente, tiene que escribir una o varias actualizaciones para la edición de Internet y contar lo sucedido para la televisión y emisoras de radio de la empresa. La dinámica es la misma cuando la noticia la obtiene un reportero de televisión o radio.”
La convergencia multimedia trasciende al hecho de combinar contenidos. Se debe lograr que culturas periodísticas distintas trabajen conjuntamente en forma integrada y armoniosa. Es necesario integrar la tarea de profesionales formados en metodologías de prensa, radio, televisión o Internet, que mantenían estilos, prácticas y valores diferentes. Advierte García Avilés que lograr la convergencia requiere tiempo y tiene sus riesgos: “Al periodista ahora se le pide que elabore la noticia no solo para su medio, sino para otros. Ello requiere aprendizaje, porque ha de redactar la noticia del modo apropiado para el medio audiovisual y ha de rescribirse para el diario en Internet. Mientras que los hechos de la información son los mismos, cada medio tiene su estilo propio. También el flujo informativo y la presión del cierre son distintos.”
Considera García Avilés que la convergencia multimedia genera tres ventajas fundamentales para las empresas de comunicación:
1)Permite diversificar el riesgo empresarial: si se cuenta con un solo tipo de medio, una circunstancia externa que afecte la rentabilidad alcanzará a toda la compañía.
2)Permite entrar en sectores con potencial de crecimiento: las empresas de prensa se abren hacia el sector audiovisual, con buenos resultados.
3)Fomenta las sinergias al integrar en un grupo distintas publicaciones, emisoras, canales y otros soportes. La supervivencia de un medio puede depender de que cuente con el respaldo de una compañía diversificada.
Los nuevos sistemas tecnológicos aplicados a la comunicación influyen sensiblemente en la esencia del periodismo. La estructura de trabajo de las redacciones multimedia permite estrechar la relación entre técnicos y periodistas, de modo que estos puedan controlar el proceso de producción en forma más completa. No obstante los numerosos beneficios, al autor hace notar que “la convergencia y el periodismo polivalente constituyen un arma de doble filo, ya que pueden convertirse en una estrategia para reducir costes, y no están exentos del riesgo de disminuir notablemente la calidad de los contenidos.”
¿Y el espacio sonoro?
Si bien la convergencia multimedia es totalmente inclusiva respecto de los diversos medios, la radio aparece como la menos favorecida, mientras la prensa, la televisión, el video, Internet, intervienen como protagonistas muy activos y sumamente beneficiados con el empleo de las nuevas tecnologías de la comunicación. Sin embargo, una mirada más cuidadosa de la situación permite descubrir que este medio tiene amplias posibilidades de multiplicar su presencia y extender sus funciones abordando el tren digital. Conviene recordar que la radio fue el primer medio de comunicación que adoptó la recepción simultánea y móvil de mensajes periodísticos al incorporar un receptor en el celular.
Indudablemente, la progresiva convergencia de las tecnologías de la información y comunicación anticipa la presencia de fenómenos complejos respecto del comportamiento de las audiencias radiofónicas. La irrupción de la telefonía celular en el mundo de las comunicaciones, el avance de la microelectrónica asociado a la digitalización, compresión y transferencia de datos, no solo provoca sucesivas mutaciones en esos desarrollos tecnológicos, sino que hace previsibles otro tipo de cambios con relación a los usos y hábitos de los consumos tradicionales de productos sonoros y radiofónicos.
En Internet se pueden leer los diarios y también se puede escuchar radio. Una emisora que carezca de transmisor, sea AM o FM, ubicada en un pequeño pueblo de provincia, puede ser escuchada en cualquier lugar del mundo si sus transmisiones están incorporadas a Internet. Esto se obtiene mediante procedimientos simples y equipos asequibles. Por otra parte, los periódicos digitales incluyen contenidos sonoros (entrevistas, declaraciones, testimonios) aunque todavía con participación reducida.
Pero, seguramente, la presencia de la radio en el ciberespacio alcanzará una enorme dimensión con el desarrollo, aun incipiente, de un nuevo fenómeno. Así como los bloggers se han convertido en una práctica expansiva que estimula y replica el ejercicio del periodismo y acrecienta sus fuentes informativas, la radio está en condiciones de intervenir con propósitos y funciones similares. En efecto: ya están latentes los radiobloggers. Los blogger actúan fundamentalmente con textos e imágenes. Los radiobloggers lo harán basándose en los mensajes sonoros, esto es, en la radio.
Pero todavía hay más. Las nuevas tecnologías ofrecen un desafío que posibilita modificar radicalmente el sistema de comunicación.
Nueva visita guiada
Comenzamos este itinerario con una vista guiada a una casa en proceso de digitalización. Vamos a finalizarlo con otra visita imaginaria a una radio que utiliza la convergencia virtual de redacciones y de contenidos articulada con la telefonía celular múltiple.
Primero entraremos en el edificio de la emisora. Sólo dispone de una sala, no muy grande, donde se encuentran los equipos de transmisión que la ponen en el aire y en Internet. Hay allí una sola persona, un técnico que cuida el funcionamiento de los aparatos.
Ahora vamos al estudio central. No está en la sede de la emisora. Es la casa de un radioblogger que acondicionó una pequeña habitación con muy pocos recursos. Dispone de dos celulares de 3G. Esta es la descripción y ya están disponibles en el mercado:
XPERIA / Internet móvil / Teclado Owerty / Touch panel / Windows mobile 6.1 / Amplia pantalla VGA y navegación táctil / GPS / Google maps / Memoria micro SD de 8 GB / Cámara de 3.2 Mpx / Grabadora de sonido y video / Reproductor de MP3 / Radio FM. (7)
Desde su habitación, con su celular, el radioblegger envía sus mensajes al control de la emisora para que los difunda. Su programa es en vivo y tiene, entro otros, los siguientes contenidos:
*Sus notas de opinión.
*Música que él mismo selecciona.
*Lee algunas noticias de los diarios digitales.
*Anuncia publicidad.
*Recibe informes de “corresponsales” que le informan:
+El estado del tránsito en calles y rutas.
+Los precios de los productos en distintos comercios.
+Hechos curiosos en la vía pública.
+El funcionamiento de los servicios públicos.
+Actividades de ONGs.
+Quejas y reclamos de la gente.
+Acciones solidaerias.
+Actos políticos y culturales.
+Entrevistas con vecinos.
+La meteorología en diferentes geografías.
+Etc…
Todo le llega a su celular a través de otros celulares y él va acomodando y estructurando los contenidos en un relato periodístico radiofónico que envía con el mismo celular al control de la radio que le da difusión simultánea. Cuenta con un equipo innumerable de colaboradores que no cabrían en un auditorio. El verdadero estudio es el espacio abierto, interconectado por la telefonía celular.
Esta es la radio que viene, que ya está, que avanza a pasos de gigante. Es la radio de la convergencia, la multimedialidad, la hipertextualidad, la interactividad. Es la radio que crea la realidad digital.
Juan Carlos Dido
Referencias:
(1) Cumbre Mundial de las Naciones Unidas sobre la Sociedad de la Información. Proceso preparatorio. Reflexiones de la Unión Europea, junio de 2002.
(2) Consultora Convergencia Researche, Clarín, 31/05/2006.
(3) SALAVERRÍA, Ramón: Cómo escribir para la prensa digital. Artículo tomado de la sección Biblioteca del blog www.robertoigarza.wordpress.com . Vale para todas las citas de este autor.
(4) GARZA ACUÑA, Celso José: Vigencia del relato como sentido de la realidad. Tomado de la sección Biblioteca del blog www.robertoigarza.wordpress.com. Vale para todas las citas de este autor.
(5) GARCÍA AVILÉS, José Alberto: La convergencia de redacciones. Artículo tomado del blog www.robertoigarza.wordpress.com. Vale para todas las citas de este autor.
(6) Citado en el artículo anterior.
NANOFICCIONES
noviembre 12, 2008Relatos brevísimos para no perder tiempo de lectura.
EL ZOO
I.-
-No me encandiles-, le dijo el topo a la luciérnaga.
II.-
El tigre y la cebra intercambiaron sus rayas. Pero después el tigre igual se la comió.
III.-
Cuando el león se hizo trencitas en el pelo y se puso aritos, lo despojaron de la corona de rey de la selva.
IV.-
El mono, trepado en la rama más alta, mira a las personas y sueña que ha ascendido en el árbol genealógico.
V.-
Sólo la hiena se ríe de los cuentos del papagayo.
VI.-
La gente no cree nada de lo que dice el dromedario, al que de tanto mentir le salió una jorobita. Y mucho menos le cree al camello, que es el doble de mentiroso.
VII.-
-¡Avancen, avancen con decisión!- ordenó el general Cangrejo a su ejército, pero nadie le obedeció.
VIII.-
-¡Epa! ¡Qué susto me diste!- le dijo la hormiga al elefante-. Te confundí con el oso hormiguero.
IX.-
-Evita, vení, no te alejes. ¿Qué estás comiendo? ¿Quién te dio esa manzana?
-Aquella serpiente, papá; es muy amable.
X.-
La tortuga es un peludo que vive en cámara lenta.
XI.-
-Podrías utilizar tu amplia cola para abanicarme un poco- pidió el oso polar, abatido por el calor.
-Mi cola no es para esas pavadas- le respondió el pavo real.
XII.-
En invierno, la jirafa usa de bufanda a la ampalagua.
XIII.-
El cóndor deja que gorriones y palomas que llegan a su jaula se lleven algunas de sus plumas. Entonces sueña que ha recuperado la libertad del vuelo.
FERIA DE LIBROS
I.-
En un escaparate de la librería de viejo, encontró un antiquísimo manuscrito fechado varios siglos antes de la invención de la escritura.
II.-
En el estante de libros raros descubrió un ejemplar de la primera edición de “El libro de arena” de Borges. Entusiasmado, intentó apoderarse del volumen, pero las hojas se le escabulleron entre los dedos.
III.-
La mujer entró en la librería saltando sobre un pie. Llegó hasta el mostrador y pidió un libro. Lo compró y se fue a los saltos con Rayuela bajo el brazo.
IV.-
El extraño personaje adquirió la colección completa de Sandokán. Metió todos los libros en una bolsa y se fugó sin pagar. Le resultó algo dificultoso escapar por la calle Corrientes con una pata de palo, el ojo izquierdo cubierto y la pesada carga sujeta al garfio terminal de su brazo derecho.
V.-
Se acercó al mostrador de la biblioteca del convento y le preguntó al cura bibliotecario por la ubicación de las obras medievales. Se dirigió al sector indicado, escudriñó en los anaqueles y volvió al mostrador con numerosos volúmenes. El cura observó su rostro enjuto, nariz prominente, afilado mentón y perilla raleada.
-Son todas novelas de caballería- acotó el bibliotecario. Lo volvió a mirar con atención y exclamó:
-¡Te reconozco, no me vas a engañar, no dejaré que la historia se repita!- y quemó todos los libros.
VI.-
El mensajero le entregó al bibliotecario el paquete y una nota. El bibliotecario leyó: “Dono este ejemplar de un libro extraordinario”. La firma, seguramente un seudónimo, decía Merlín. Abrió el paquete. El libro, un magnífico volumen lujosamente encuadernado, tenía el título en grandes letras doradas: EL GRIMORIO. Completó la ficha y, cuando lo ubicó en el anaquel, desaparecieron todos los libros de la biblioteca.
Juan Carlos Dido
Ensayo sobre el ensayo
noviembre 5, 2008Género literario
¿Dónde ubicamos al “género ensayístico” en relación con las clases de discurso? Decía el filósofo español Ortega y Gasset que el ensayo es la ciencia menos la prueba explícita. Como definición es insuficiente. Equivale a definir la novela como la historia menos la prueba documental. La afirmación es perspicaz, pero sólo se refiere a un aspecto del ensayo: su aporte original y personal. El ensayista expone sus reflexiones personales sobre un asunto. Lo hace sin ajustarse a un método rígido y sin preocuparse por manejar demostraciones definitivas. Opina con argumentos propios que defiende mediante una especie de diálogo consigo mismo y con el lector. Desarrolla el pensamiento con soltura, admitiendo cierta divagación para formular aclaraciones o apuntes laterales y retomar luego la línea expositiva. Al autor de ensayos le interesa que el lector se introduzca en su fluir reflexivo para compartir la aventura del pensamiento. Por eso el ensayo no es frío ni objetivo, requisitos específicos del tratado científico o del informe técnico. Es una meditación que intenta incorporar la subjetividad del lector a la que experimenta el autor. Por ser un género expositivo, el ensayo carece de acciones y de personajes. En todo caso, la acción es una sola: el proceso reflexivo que va cercando al tema; y los personajes son dos: autor y lector en solidaria vivencia.
El ensayo se mueve, en equilibrio inestable, entre los tres tipos de discurso: informativo, expresivo y apelativo. El autor vuelca su mundo interior, ordenado intelectualmente, con las emociones apaciguadas y los sentimientos calmos, pasados por un tamiz del acto reflexivo; pero ese escrito “expresa” contenidos que están dentro del ensayista. “Cuenta” una experiencia intelectual, “informando” su procesamiento y “apela” a la simpatía cordial del lector, con quien participa de un “drama” silencioso.
Los elementos del ensayo
La presencia en el ensayo de los tres tipos de discurso es resultado del vínculo particular que se establece entre autor y lector. Ambos, como se dijo, son los personajes exclusivos de la obra. El autor es el protagonista y el lector el antagonista. El primero es el personaje que encarna las “acciones”; el segundo asume las “reacciones”. Pero esta confrontación se resuelve en fructífero intercambio. El autor discurre en su pensamiento, indaga en su interioridad sobre los motivos que lo llevan a sostener una opinión. La actitud implica elaborar la idea y el método. Procura persuadir avanzando por caminos totalmente personales. Si en algún momento acude a citas de autoridades o a transcripción de textos prestigiosos, no lo hace para respaldar su argumentación, sino como un recurso literario, como el poeta apela a la imagen o a la metáfora. El ensayista no pretende que le crean porque invoca nombres indiscutibles, que aparecen en el escrito como componentes de ornamento estético. Él pretende que, en la senda que su labor particular va abriendo, se reconozca la inauguración de una ruta espiritual y se identifique a la persona que traza esa avanzada. Igual que el poeta, el ensayista revela su mundo interior que, como en aquel, también está habitado por impresiones, sentimientos, deseos, ilusiones, sueños, dolores, esperanzas. Para el ensayista, ese ámbito configura una fuente de materiales en la que seleccionará aquellos que mejor se acomoden a responder sobre el tema elegido. Con el lenguaje ordenará esas materias y les dará forma. El tema funciona como un pretexto para que el autor, tomándolo como punto de apoyo, indague hacia adentro y estructure argumentaciones de apariencia objetiva en torno a la cuestión que le sirve de disparador. Esta actitud del ensayista es la que vuelve expresivo su lenguaje: el tema es una señal de tránsito que invita a entrar en la geografía personal del autor.
Pero la indagación que surge de esa búsqueda no es un monólogo. El escritor de ensayos jamás olvida que hay un destinatario de su experiencia. Toma al lector de acompañante y, con él, seguirá el itinerario espiritual. Declara sus convicciones y lo hace confidente al lector. Construye su labor indagatoria asumiendo como propias las inquietudes que, supone, se plantea el receptor de su mensaje. Ese es el diálogo. En solidaria comunión, lleva de la mano al lector y le describe, con la excusa del tema, los paisajes de su alma. Con un tacto que tal vez él mismo desconoce, presiente y adivina la duda y el interés del compañero de viaje y, antes de que este formule su pregunta, el ensayista suelta la contestación en diálogo de simpatía. Esta dependencia respecto del lector, este acto de persuasión constante que sostiene el ensayista, otorga a su palabra el carácter apelativo, manifestado en una necesidad de autoconvencimiento, resultado de la cordial fusión con el lector.
El contenido del ensayo es el propio “yo” del autor. Cada afirmación, cada razonamiento, cada conclusión o propuesta, no son más que multiformes revelaciones de una visión egocéntrica que el ensayista quiere deslindar y presentar para poder compartirla. Procura transmitir una experiencia del espíritu, que va reviviendo a medida que la elabora literariamente. La asimilación del contenido del ensayo con el universo personal del autor impide la existencia de textos indiferentes, aburridos o cargosos. El escritor de ensayos pone pasión en su escritura porque, en última instancia, habla de sus sentimientos, a los que está observando en su relación con los demás componentes de la realidad síquica y anímica. El ensayo es, en consecuencia, una obra entusiasta, que nace de una acción apasionada. Pero entonces ¿no es un texto objetivo? ¿No toma acaso el aspecto estricto del informe, del escrito teórico, de la monografía, de la investigación? ¿No es la ciencia sin la prueba? Parece que no. Es mucho más. Es un creador que reflexiona sobre su vivencia y anota el diario de viaje de su aventura vital. Es innegable, sí, cierta apariencia de objetividad que se descubre en el contacto inicial y desprevenido con el texto, formalmente informativo, ajustado a su asunto como si lo hubiera colocado en un tubo de ensayo para una observación imparcial. Pero la pretendida objetividad se debe a que el autor quiere ser fiel al mundo que entrega; y ese mundo es el suyo: la subjetividad más auténtica. El matiz objetivo, en todo caso, es la conciencia que el ensayista tiene de su actitud subjetiva.
Tal vez como en ningún otro género literario se cumple aquello de “el estilo es el hombre”. La identidad de la obra con “la forma de ser” del autor caracteriza al ensayo. Sus particularidades estilísticas lo presentan como un género ágil, libre y abierto.
El ensayo tiene carácter englobador en dos sentidos: por su capacidad para incorporar los diversos tipos de discurso y por su amplitud temática. Ningún asunto le es ajeno y sólo necesita del genio de un autor para ingresar en el dominio del género. Cuestiones que por su organización, su forma de manifestarse, sus relaciones, parecen apropiados para andar otros caminos literarios, menos el ensayo, se convierten en ricos temas ensayísticos cuando un escritor vuelca sobre ellos su mirada escrutadora y los integra en su campo de observación. Alguien podría refutar: eso ocurre en todos los tipos de creación literaria; siempre la temática es infinita. La afirmación se puede compartir sin objeciones. No obstante, conviene señalar que el infinito no es único y no todos son idénticos. Los números naturales son infinitos. Entre ellos hay pares e impares. Parece lógico admitir que en el infinito de los números naturales, la mitad son padres y la otra mitad impares. Pero tanto los pares, como los impares, separadamente, también son infinitos. Bien, todos los géneros literarios disponen de temas infinitos; pero la “infinitud” del ensayo es más extensa que las correspondientes a los demás géneros, porque los comprende también a ellos como posibles asuntos literarios.
En otro aspecto, el ensayo utiliza como materia del texto la experiencia creadora que el autor está viviendo al escribir. La novela incorporó este recurso en el Siglo XX. Con esta técnica, el novelista toma su proceso creativo como contenido de la novela. Esta actitud, reciente en la narrativa, es propia del ensayo desde sus orígenes. En la búsqueda de su expresión el autor de ensayos prueba todas sus posibilidades. Además de la reflexión aplicada a un motivo, cada ensayo se “ensaya” a sí mismo, experimenta el alcance de su potencia, arriesga la prolongación de sus límites. Todo texto ensayístico, cualquiera sea el tema que desarrolle, contiene también una teoría del ensayo.
Clasificación del ensayo
Las clasificaciones temáticas catalogan al ensayo como histórico, biográfico, sociológico, económico, cultural, literario. Por los caracteres específicos del género, la clasificación implica el peligro de asimilar el ensayo a la disciplina a la que, por su índole, puede insertarse el tema. Así, mientras nadie propondría considerar a la novela histórica como parte de la historia, sí, en cambio, existe la tentación de ubicar al ensayo “filosófico”, por ejemplo, en el campo de la filosofía. La clasificación temática del ensayo es legítima, al igual que aquellas que responden a criterios diferentes. Pero no es admisible que, a partir de la debilidad de la clasificación, se desplace al ensayo de su ámbito estrictamente literario. Esta confusión deriva, probablemente, del desarrollo adquirido por el ensayo que aborda cuestiones literarias y que puede llevar a pensar que los textos que atienden ese sector pertenecen al campo de la literatura por su asunto. Consecuentemente, los que abordan otras cuestiones deberían insertarse en las disciplinas que las estudian. En verdad, el ensayo es siempre “literario”, aun cuando trate temas que configuran el campo de investigación de diversas disciplinas. Es un objeto estético incorporado a las “letras”, un producto de la creación literaria. A partir de este reconocimiento, que supera los malentendidos, pueden elaborarse varias clasificaciones. La postura no significa desconocer que los límites son imprecisos en ciertos trabajos. La literatura no es una ciencia exacta y admite deslindes borrosos, en jurisdicción del ensayo y en otras. Pero la falta de precisión en los contornos no anula ni desvirtúa la certeza del principio: todo ensayo es esencialmente literario. Si aceptamos que los trabajos incluidos en “Filosofía de la persona” de Francisco Romero, son ensayos, les otorgamos la legítima ciudadanía literaria, con los mismos derechos de nacionalidad que adjudicamos sin reservas a los textos de “La experiencia literaria” de Alfonso Reyes.
Vigencia del ensayo
¿Es el ensayo un género que se lee? ¿O lleva una vida latente que se manifiesta en una crisis de lectura? En otras palabras, se trata de responder si el ensayo está vivo o muerto, si despierta interés o vegeta en la indiferencia. Pareciera que en cada época se impone la preferencia por un género determinado. El teatro, la poesía, la novela, conocieron tiempos en que, cada uno, reinó soberano en el mundo literario, disfrutando la predilección de los lectores. Paralelamente al predominio de un género, los demás se plantean los motivos de su abandono. La situación es claramente notable en el último siglo, en el que la novela tuvo un sólido dominio y afianzó su estructura literaria y su capacidad de atracción. Con un lenguaje político, puede decirse que la novela ha demostrado que mantiene un singular “poder de convocatoria”. Es verdad que el teatro y la poesía no están dormidos. Tuvieron años combativos, vivieron momentos de esplendor, pero sin la deseable persistencia. Se encumbraron sobre algunos postulados renovadores, dieron sus frutos significativos y luego decayeron. En este orden, ¿qué sucede con el ensayo?
Hay, al menos, dos opiniones optimistas. Una es de Marcos Victoria, que no pretende imponerse como verdad terminante. Menciona el comentario de un librero, quien, ante su consulta, le reveló que la gente compra y lee con preferencia libros de ensayos. Otra es la anotación de François Chatelet, en un artículo enciclopédico, en el que incluye un cuadro con las cifras de producción y venta de libros clasificados por géneros en los años recientes. Aunque referido exclusivamente al mercado francés, los datos indican un claro afianzamiento del ensayo.
Sobre las dos manifestaciones hay que formular una reserva que las invalida como argumentos defendibles. Los dos autores se refieren al ensayo como el tipo de obra que no se asimila a categorías definidas. No identifican al género por análisis, sino por exclusión: son los textos que no corresponden a la poesía, a la narrativa ni al teatro. Entonces, computan dentro del ensayo a escritos que no lo son en rigor, aunque mantengan con él algunos puntos de contacto, entre los que figuran libros de divulgación, de actualidad o de notas periodísticas, todos de muy digna existencia pero marginales del ensayo, según las precisiones apuntadas.
A pesar de todas las reservas, el ensayo tiene asegurada la pervivencia, porque ha gestado un fenómeno singular: ha estimulado la aparición de un tipo particular de lector: el lector de ensayos. Claro, puede decirse que cada especie tiene sus lectores: la novela, el cuento, la comedia, las variedades poéticas. Pero al separar así los lectores, quedan agrupados de acuerdo con el gusto por determinados textos. Con relación al ensayo, ocurre algo distinto, que trasciende el gusto por cierta forma de lectura. En este caso el objeto ha creado su sujeto. El ensayo ha dado origen a una categoría de lector, convirtiendo a la lectura en una experiencia particular por el hecho de leer un ensayo. El lector de ensayos es un “coautor”. Por supuesto no lo es en el sentido de la ejecución. Lo es en tanto la lectura le produce ese sentimiento. No tiene la sensación de estar recibiendo algo ya elaborado que va recorriendo, sino la impresión concreta y profunda de ingresar en un ámbito compartido en el que, junto con el escritor, tiene la responsabilidad de hacer aflorar sus propias reflexiones ensamblándolas con la propuesta del autor y cotejándolas con ella. El ensayo requiere, imprescindiblemente, de la participación dinámica del lector, de manera mucho más esencial que las demás obras. Esa incorporación activa le da sentido y completamiento. Tal necesidad es comparable a la que una obra teatral tiene de su representación. El autor le entrega al ensayo el soplo vital. El lector posibilita su plenitud. El ensayo es obra de mutua compañía entre autor y lector en la producción y en la “re-producción”, en la creación y en la “re-creación”, en la escritura y en la lectura. El mejor, si no el único reaseguro del ensayo, es la invención de su lector
Juan Carlos Dido
La construcción de la identidad argentina: el ensayo
noviembre 5, 2008ITINERARIO
Todo ensayo es, por añadidura, un libro de viajes por rutas interiores. Cuando la indagación pregunta por la inserción de la persona en la compleja conjunción de fuerzas de llamamos patria, el ensayo se convierte en un documento testimonial. El rastreo se vuelca en una carta topográfica que va diseñando el ensayista y adquiere la figura de un rostro. Es el mismo rostro del autor, que iba buscando sus raíces y dibujó el autorretrato. Y en la figura, descubrimos semejanzas con nuestra propia fisonomía. Allí estamos. Se ha transformado en la voz colectiva, que suena como un coro en el que descubrimos el rumor de nuestra garganta. Y comprobamos que nosotros, viajeros silenciosos durante el laborioso trayecto, compartimos la voz prodigiosa, el verbo fundante del ensayista. Y comprobamos que nosotros, cada uno y todos, hemos sido el territorio de la búsqueda.
LA VISIÓN CON RAYOS X
La aparición de Radiografía de la Pampa[i], en 1933, constituyó un cambio profundo de su autor, Ezequiel Martínez Estrada. Hasta entonces había publicado colecciones de poemas y algunos relatos. Cuando calló su voz poética, en 1930, no hubo alarma ni escándalo en el mundo literario. Cayó como poeta. Regresó como prosista. Encontró en el ensayo la forma capaz de contener y expresar su canto. Su regreso no pasó inadvertido. Después de tres años, volvió con una proclama. Retornó como un guerrero que ha dado su batalla y viene a contar los incidentes de la lucha.
En el título, Martínez Estrada anuncia su punto de observación y sus elementos de diagnóstico. Toma a la Argentina como un cuerpo sometido al análisis. La realidad geográfica se le impone como un hecho dominante y poderoso: la pampa actúa como naturaleza primaria y condicionante. En este sentido, retoma el principio de Sarmiento, al reconocer en le extensión el mal fundamental de la Argentina. El ensayista asume la función de radiólogo literario para penetrar en la estructura interna de ese cuerpo-símbolo que es el país. La radiografía no es un documento irrefutable, sino un instrumento que privilegia el punto de vista, pero exige un estudio más riesgoso. La imagen codificada de la radiografía requiere la intervención del intérprete que descifre el código para que esa realidad se torne accesible.
El autor formula un esquema básico que enmarca sus observaciones. Entiende que los conquistadores de América no vieron la realidad nueva en la que se sumían por obra de un imprevisto e insospechado error. Esa ceguera inicial quedó como modo permanente de enfrentarse con el mundo y se transmitió en herencia a todas las generaciones, que llevan desde entonces la carga ancestral sin conseguir apartarla del subconsciente. Nuestros antepasados vieron por debajo y por encima de la realidad, que borró su perfil disuelta en la doble visión deformante. Se negaron a reconocer las condiciones objetivas que presentaba el mundo que tenían delante. Vieron, por un lado, una infrarrealidad, apenas algo más que nada; seres menos que humanos, valores incomprensibles, naturaleza hostil. Por otra parte, instalaron una suprarrealidad, porque los viajeros vanían cargados de sueños, una inagotable bodega de fantasías. Entre ambos niveles, la realidad ocultaba su poder. Desde las profundidades de la conciencia, la realidad pujará por surgir a la superficie, doblegando al ensueño –suprarrealidad- y a la desesperanza- infrarrealidad- que dominan nuestros gestos y nuestras rutinas.
A partir del error inicial, se crea en América una historia artificial, falsificada. Porque la historia la hace el hombre en relación con la tierra. Los dos son protagonistas solidarios y juntos entrelazan un destino. El hombre solo no hace historia ni civilización; a lo sumo acumula cierta experiencia. La tierra sola no produce historia. Apenas fenómenos naturales. El vínculo se vuelve históricamente fructífero cuando se asocian en condiciones provechosas de integración. En la interpretación de Martínez Estrada, la naturaleza argentina predominante, la pampa, impone sus condicionamientos, quitándole toda posibilidad de trascendencia a la presencia humana.
“No en todos los lugares que el hombre habita se produce historia, aunque sucede algo semejante a lo que la historia propiamente dicha ha conser4vado en sus páginas y monumentos. La inhistoricidad del paisaje, la enorme superioridad de la naturaleza sobre el habitante y las fuerzas del ambiente sobre la voluntad, hacen florar el hecho con la particularidad del gesto sin responsabilidad, sin genealogía y sin prole. Técnicamente, en estas regiones no hubo nadie ni pasó nada.”
De tal desvinculación entre el hombre y la tierra no puede surgir sino un sentimiento de profunda soledad. La soledad por ausencia e lazos cordial constituye, paradójicamente, el nexo entre el individuo y el paisaje. Pero es una unión fatal:
“La soledad que se abre en el alma como una congoja inmotivada y quita el interior humano al espectáculo de la belleza panorámica es la falta de historia. Sobre este suelo sin pasado humano somos los primeros pobladores del mundo.”
La desligazón hombre-paisaje, causa remota del desarraigo, no es elemento adquirido en la existencia personal. Martínez Estrada sostiene que es componente genético que heredamos de los primeros conquistadores. El pesimismo esencial de Martínez Estrada está basado en una serie de dicotomías. En este aspecto, fundamental en la visión del ensayista, persiste en la línea sarmientina de civilización y barbarie. Los polos de Martínez Estrada son: infrarrealidad y suprarrealidad; hombre y naturaleza; sueño y frustración; promesa y falsedad.
UNA HISTORIA APASIONADA
Martínez Estrada se instala en una perspectiva espacial para el análisis. Eduardo Mallea elige la visión temporal. En aquel, la amplitud del espacio es la sustancia que impregna el mundo natural y humano. En Mallea, el tiempo, revelado en experiencia, en maduración, en espera, es el que define la realidad. El tiempo histórico no es para él mero transcurso cronológico que deja sus huellas para la posteridad. Se trata de un tiempo y una historia interpretados como vivencia personal. Mallea procura encontrar la Historia en la historia particular de su pasión. Hay en él una actitud inicial emotiva. A medida que avanza en su experiencia, se vuelve un acto racional sobre el propio sentimiento. Pero no analiza un aspecto emocional de su ser. Una vez entregado al sentimiento, ya no es el autor el que tiene en su poder un sentimiento y lo observa. El sentimiento es el ámbito global y Mallea es su ocupante. Hay un sentimiento enorme, confuso. Mallea es el invasor, un navegante apasionado de ese sentimiento que anota en su bitácora el derrotero y somete a su intelecto ordenador el escenario oscuro, revuelto, de su travesía, esporádicamente cruzada por claridades de relámpagos que lo vuelven discernible. En el mar navegado queda una imborrable estela de dolor, pero desde la cubierta, el navegante vislumbra el porvenir y su mirada tensa cruza, desde atrás, el mascarón de proa, que tiene la forma de la esperanza.
Tres años separan Historia de una pasión argentina[ii], de Eduardo Mallea, de Radiografía de la Pampa. La distancia del calendario es insignificante. La distancia espiritual es gigantesca. La esperanza corona la marcha de Mallea. Martínez Estrada realiza un viaje de ida al infierno, a nuestro infierno, y allí nos deja para que salgamos. Mallea testifica acerca de su travesía, sin mostrarla como calamidad, y nos asegura el regreso. Con aquel bajamos soportando la resignación de los condenados. Con este, descendemos para poder subir posteriormente. La trayectoria de Mallea va acumulando energía cinética en el descenso para tener en la profundidad el impulso que nos permitirá ascender y terminar más alto que el punto del comienzo.
La evidencia fundamental que percibe Mallea es la coexistencia de dos argentinas: una visible y otra invisible; una superficial y otra profunda. El primer anuncio de la dualidad tiene una expresión simplista: asimila el país visible a la geografía urbana, y el invisible al ámbito rural. Pero esta división esquemática es la intuición primera, que orienta el rumbo de la búsqueda posterior. Mallea define a la Argentina visible como el territorio de la representación. Cuando menciona la llegada de las legiones de inmigrantes, dice que “su contacto se producía con esos hombre que ‘representaban’ a la Argentina”. Y especifica:
“La peor, la más nociva, la más condenada de todas las personas actuantes en la superficie de la Argentina es la persona que ha sustituido su vivir por un representar.”
En el concepto de Mallea, la representación se opone a la esencia. Representar es lo contrario de ser. Es una apariencia que no se corresponde con la verdad, sino que la disfraza para que permanezca oculta. Se trata de aparentar para despistar, para cerrar los accesos a la realidad. En el plano de la apariencia, uno evita enfrentarse consigo mismo y se calza una armadura que impide a los demás ingresar en el espacio humano propio. Conocedores del truco, nosotros siempre desconfiamos de las apariencias. Los antiguos reclamaban la correspondencia entre el ser y el parecer. El postula válido para el argentino visible es: “hay que parecer sin ser”. Mallea describe a estos argentinos visibles, representadores:
““De ellos recibimos, con triste frecuencia, gobierno, voz, magisterio, proclamas y con lo que ellos digan nosotros debemos contentarnos todos. Falsos espíritus.falsos emersonianos, pragmatistas peregrinos, disertadores enfáticos todos, concilian muchos de ellos en forma extraña un nacionalismo de expresión violente y solemne con la gestión in situ de fuertes empresas capitalistas extranjeras.”
Mallea denuncia el fraude de quienes representan una Argentina visible para que nadie descubra su esencia; destruye con ese gesto las prebendas con las que ellos construyen su existencia falsificada. La única arma que puede defenderlo del contagio malsano es la soledad, que se logra mediante el apartamiento de ese mundo de exteriorizaciones y el compromiso con la propia interioridad. La experiencia de la soledad lo enfrenta consigo mismo y le permite presentir una comunidad de solitarios o de soledades, reducto de la conciencia en el que uno puede mirarse tal cual es, sin disfraces ni artimañas, y puede cruzar miradas con los otros iguales, para encontrarse en la realidad esencial de su persona y en la relación franca de ser a ser. Están dadas, entonces, las condiciones para descubrir la otra Argentina y su habitante:
“Había que mirar con otros ojos, más fidedignos, más difíciles, más profundos para ver la otra forma considerablemente más consistente, incalculablemente más consistente, incalculablemente más íntegra en su resistencia de cuerpo y moral: la forma interior de este pueblo, la Argentina invisible.”
Para Mallea, la Argentina invisible, que resume los valores del ser nacional, está en el interior. No obstante, advierte que esa identificación simplista, en lugar de claridad puede ocasional confusión. Porque su dualismo de argentinas no consiste en establecer una separación de áreas geográficas, adjudicando a una las virtudes y a otra los defectos. La intuición primera le abre camino hacia la identificación del argentino auténtico, que es aquel formado e integrado con su naturaleza y que es más fácilmente detectable alejado de las grandes ciudades.
“La diferencia estriba en que existe un hombre cuya fisonomía moral es el de las grandes ciudades y otro cuya fisonomía moral es el de nuestra naturaleza no desvirtuada, de nuestra naturaleza natural.”.
Mallea reconoce en el argentino invisible una serie de virtudes. Esas cualidades definen al argentino auténtico. ¿Se trata de un ser real, de carne, hueso y espíritu que reúne en su individualidad la existencia profunda la una persona fundida con su tierra? ¿Tienen tales virtudes, en su unidad completa, alguna posibilidad de encarnadura en alguien que pueda ser un prócer glorioso o un vecino anónimo?
“…continente grave sin solemnidad; silencioso sin resentimiento; alegre sin énfasis; activo sin angurria; hospitalario sin cálculo de trueque, naturalmente pródigo; amigo de los astros, las plantas, el sol, la lluvia y la intemperie; pronto a la amistad, difícil a la discordia; humanamente solidario hasta el más inesperado y repentino sacrificio; lleno de exactas presciencias y zumos de sabiduría; simple sin alarde de letras; justo de fondo, más amigo del bien directo, de la ecuanimidad de corazón que del prejuicio teorizador; viril, templado en su vehemencia, tan morigerado en la vida –morigerado en su codicia- que no le espanta con su ademán la muerte pues nada le arrebata que él no haya ofrecido antes con humana dignidad…”
¿No es posible que, arrastrado por su pasión, Mallea haya caído en una actitud retórica y haya creado un tipo estético, una hermosa imagen literaria a propósito de una idea de hombre, pero que es una figura imaginaria, no el hallazgo de la apasionadamente buscada? El riesgo es real. Y el compromiso más serio del ensayista es avalar con su propio testimonio de vida el alcance de su opinión. Él es el criterio de verdad. Mallea es la única garantía.
Para ahondar en la identidad, Mallea también debió partir en dos a la Argentina y a los argentinos. Su visión consigue retratar una identidad que considera verdadera. Pero es resultado de la partición. El corte que practica parece una cesárea fructífera y vivificante. No deja por eso de ser una ruptura que reinstala la dualidad.
EL VIVO Y EL ZONZO
“El vivo vive del zonzo y el zonzo de su trabajo”, dice el refrán, seguramente inventado por uno de los vivos que quiso poner en claro cuál es el objetivo de su existencia. Lo cierto es que uno y otro constituyen dos modelos de la tipología argentina y cada uno define una perspectiva cultural: la de la viveza y la de la zoncera.
En 1965, Julio Mafud publica Psicología de la viveza criolla[iii], obra en la que propone caracterizar la personalidad básica, el carácter nacional o la sociedad global en el ámbito argentino, según las expresiones elegidas por el autor. Para ello describe un conjunto de rasgos distintivos a los que asigna distinta importancia. Los básicos son dos: el desarraigo en lo social, la viveza en lo individual. Dos factores que configuran anverso y reverso de un mismo fenómeno. Mafud atribuye el desarraigo, principalmente, a la situación de las masas argentinas.
“Dejando aparte otros factores que producen desarraigo, hay uno en el proceso argentino que es decisivo: la marginalidad de las masas. Las masas en todas las situaciones argentinas de crisis parecen acumular una fuerza psicológica explosiva latente o subyacente que tiende a aflorar con permanencia cuando se les excluye y se les margina.”
Entre los efectos que provoca la personalidad desarraigada están el afán de lucro, la indiferencia, la falta de responsabilidad. Falta en la persona el lazo estrecho que determina su pertenencia a un conjunto en el que encuentra un eco, una resonancia que la ayuda a reconocer su identidad, a expresarla y a aceptar las otras en franca convivencia para desarrollar el espacio social común. El desarraigo afecta a toda la persona en relación con el entorno social. El cuerpo, la mente y el espíritu están alcanzados por la experiencia. Faltan los contactos unitivos. Los cuerpos se rozan, se tocan, pero están sueltos, no se necesitan ni se extrañan. Hay barreras invisibles que dificultan o impiden los vínculos que podrían consolidar un recíproco anclaje solidario. Entiende el autor que el afán de lucro compensa engañosamente el sentimiento de desarraigo, mediante una seguridad frente a las contingencias, mediante la afirmación de la individualidad que crea la sensación de que uno está bien plantado en su sitio.
Si el afán de lucro es el efecto primordial del desarraigo, la viveza es la actitud primordial que provoca en el individuo. Es el arma que desarrolla el desarraigado para contrarrestar la angustia, la soledad, el aislamiento, los miedos. La viveza es un negocio que le permite al vivo existir en permanente actividad de lucro, en su más amplio sentido: con esa herramienta se dedica a sacar rédito de todo.
“Las comodidades y el confort ya están preparados para recibirlo. Los anhelos, las ansias o esperanzas se apelotonan a su alrededor. Su madre que lo incuba ya lo comienza a mimar con sus alimentos y ejercicios. Lo acaricia desde adentro en su prehistoria fetal. Le anticipa el nuevo mundo de holgura y facilidad. El padre piensa en él y ya lo quiere hombre. Es decir: macho. En una palabra: el vivo nace coronado.”
Para él no existe más virtud que la viveza. Todo acto destinado a poner de manifiesto que él es un vivo estará justificado de antemano. Está siempre por encima de los demás, con los que únicamente puede establecer la relación de victimario a víctima. El propósito que lo estimula para su actividad social es exclusivamente demostrar que su viveza le permite someter a los que no son tan vivos como él, y que puede sacar beneficios aun de las circunstancias más adversas.
La autoestima que el vivo se prodiga no se debe sólo a la sobrevaloración personal. Es también consecuencia del coro de beneplácito que le da la sociedad, que aplaude sus proezas. La viveza tiene, entre nosotros, valor positivo, de virtud. Por eso actúa impunemente, porque los que no son tan vivos adhieren a su triunfo mediante el elogia y comparten con él la satisfacción de lastimar o destruir a la víctima más débil del conjunto. El vivo no forma una clase social. Se lo encuentra en todo nivel y en cualquier oficio o profesión.
En el otro platillo de la balanza está el zonzo. Si bien su existencia es tan antigua como la del vivo, el descubrimiento y la presentación en la sociedad argentina se deben a Arturo Jauretche, en su libro Manual de zonceras argentinas[iv], de 1968. La primera diferencia que Jauretche establece entre el vivo y el zonzo es la amplitud de miras.
“…somos inteligentes para las cosas de corto alcance, pequeñas, individuales, y no cuando se trata de las cosas de todos, las comunes, las que hacen a la colectividad y de las cuales en definitiva resulta que sea útil o no aquella viveza de ojo.”
Viveza y zoncera son conceptos y actitudes opuestas, como el vivo y el zonzo son personajes antagónicos. Sin embargo, ideas y figuras se asemejan en el carácter negativo y desalentador que tienen para la sociedad. Un punto en que esos polos se tocan está en el origen y en el uso de la zoncera. Surge como el pensamiento de un vivo y son los vivos quienes la emplean para lograr propósitos particulares. Se plantea como una tesis a priori, que no necesita demostración y, en consecuencia, tampoco promueve refutación, aunque la visión crítica descubriría pronto sus flaquezas dialécticas ocultas en su trama retórica.
“Su fuerza no está en el arte de la argumentación. Simplemente excluyen la argumentación actuando dogmáticamente mediante un axioma introducido en la inteligencia –que sirve de premisa- y su eficacia no depende, por lo tanto, de la habilidad en la discusión como de que no haya discusión. Porque en cuanto el zonzo analiza la zoncera deja de ser zonzo.”
La zoncera y la viveza integran nuestra personalidad básica. Mafud no vio la doble faz del mismo rostro. Jauretche encontró la contracara de la viveza. Hay individuos que son una de las dos cosas: vivos o zonzos. Hay otros que son a la vez ambas cosas. La superioridad de la viveza consiste en que hace aparecer a la zoncera como una avivada, y entonces el zonzo se cree “piola”, con lo cual refuerza su zoncera. El vivo no quiere ni puede librarse de su condición. En el ejercicio de la viveza, refuerza su reputación y consolida sus méritos. El zonzo puede librarse de la zoncera y plantarse frente a la realidad. En la base de la zoncera, el autor considera que existe una ofensa a la patria. Aun en las de apariencia más ingenua, encuentra un descrédito de lo propio a favor injustificado de lo ajeno. De este modo la zoncera origina una cultura extraña, que disfraza la identidad.
SENTIR Y PENSAR LA ARGENTINA
Cuando Víctor Massuh publica La Argentina como sentimiento[v], en 1982, el país parece entrar de golpe en la historia mundial, sin estar preparado para que el mundo volviera la mirada hacia su geografía, su historia, su sociedad yt su sistema político. De pronto, fue el epicentro de la atención mundial y tuvo la grave sensación de balancearse en equilibrio inseguro como el fiel de la balanza que no encuentra el punto inmóvil porque cada platillo empuja para su lado. La guerra de las Malvinas desnudó con crueldad la situación en que se encontraba el país en sus diversos órdenes. Todo estaba podrido. Y el hedor resultó insoportable. Hasta ese momento, el país era un ornamento, una pura apariencia de imágenes positivas cuyo trasfondo no convenía ni se permitía averiguar. Era un gigantesco disfraz con aspecto de uniforme que sólo dejaba ver lo exterior, los ademanes convencionales, los ritos artificiosos. Se invirtieron los términos de Mallea y la Argentina visible se impuso como la verdadera. La Argentina falsificada se presentó y se instauró como la auténtica. La obtención del campeonato mundial de fútbol en 1978 fue la culminación de esa impostura. El régimen militar estimuló la metonimia para que el torneo no se limitara estrictamente al aspecto deportivo, sino que se extendiera a todo lo argentino. Éramos campeones del mundo en fútbol, lo cual demostraba que también lo éramos en muchas otras cosas. Campeones del mundo en todo… y también en la guerra.
Pero la guerra de las Malvinas nos arrebató el campeonato. Fue el sopapo que recibe el payaso y le arranca las máscaras y las pinturas, dejando expuesto su verdadero rostro. Entonces nos dimos cuenta de que, en el mundial de fútbol y en la guerra de las Malvinas, los grupos militares, económicos y políticos que detentaban el poder habían manipulado nuestros auténticos sentimientos. Como el médico le pega a la criatura recién nacida, que ingresa con el llanto a una nueva realidad, así ingresamos a un mundo doloroso, destruido, manchado. Fue un alumbramiento, un dolor con esperanza, porque la realidad manifiesta agitó conciencias y movilizó las fuerzas populares a favor de un proceso democrático que nos rescatara de tanta frustración, tanta mentira y tanta muerte.
La Argentina como sentimiento aparece en un tiempo colmado de estímulos para preguntarse por el sentido de la existencia como nación, por los valores que todavía quedaban en la base de la nacionalidad y por la relación del ciudadano con su patria, conmovida hasta los cimientos por una crisis de gravedad insospechada. Tiempo propicio para que los espíritus reflexionaran sobre el ser de esta Argentina sacudida y temblorosa y sobre sus confundidos habitantes. Eso intenta Massuh. Su libro actuó como un acicate para que otro escritor, motivado directamente en aquel texto, redactara aceleradamente el suyo, a fin de responder las apreciaciones de Massuh con observaciones y juicios que corregían las fallas que, a su criterio, había cometido, y para plantear una visión distinta del país. En La Argentina como pensamiento[vi], publicada a los pocos meses de la aparición del libro de Massuh, José Isaacson procura aportar elementos más racionales para comprender los aspectos sobresalientes de la Argentina. El sentimiento solo no basta, porque no llega a las causas. Isaacson intenta una concepción integral: pensar sobre el sentimiento y sentir sobre el pensamiento.
Massuh enumera bienes y males de la Argentina y expone tres dicotomías que resumen el problema de la cultura y la identidad argentinas;
-Lo vernáculo y lo europeo, que componen los aspectos de población, europeización e inmigración.
-El poder caudillesco y el intelectualista, que agrupa al populismo, a los intelectuales , a los dirigentes.
-Mayorías y minorías, que conjugan a todos los elementos anteriores.
El planteo dicotómico lo aproxima a Mallea. Como él, declara la existencia de dos argentinas que se presentan como la coexistencia de dos almas:
“Se diría que el argentino está habitado por dos almas: la que se recuesta enel fracaso y allí se adormece, y la que se empeña en suplir las carencias con reservas insospechadas, con ingenio y sentido de aventura.”
…
“Sé bien que estas dos almas habitan en un solo cuerpo, que acaso son una sola, o que una es el alimento de la otra. Por momentos pareciera que el argentijno necesita convivir con estas dos dimensiones para sentirse verdaderamente instalado en su tierra.”
Al refutar a Massuh, José Isaacson confiere preeminencia al pensar, aunque no desconoce el valor del sentimiento:
“Sin el sentimiento raigal hacia mi patria no me hubiera detenida a pensar sobre ella. Me interesa poner de manifiesto que para mejor quererla debo pensarla.”
No hay pensamiento sin intervención de la sensibilidad, ni sentimiento sin participación intelectual. Es legítimo el punto de partida de Isaacson, que declara la necesidad de tener claro el pensamiento sobre el país para que el sentimiento se exprese sin tropiezos, Toma el libro de Massuh como motivación de sus reflexiones y se presenta como un observador dispuesto a denunciar los errores en donde crea que se anidan. No descarta la mirada interior para descubrir y describir nuestros modos de ser y actuar. Pero su posición se apoya en el reconocimiento de que los problemas no están dentro de nosotros mismos, sino que son el resultado de factores estructurales definidos que obran mediante agentes identificables. Nuestros fantasmas tienen nombre e Isaacson intenta reconocerlos. Después de Martínez Estrada y Jauretche, es el que denuncia más resueltamente las estructuras institucionales como factores determinantes de las condiciones de vida de una nación. En Martínez Estrada estos factores operaban como fuerzas ciegas y desde las sombras. En Jauretche se organizaban como retórica social de la zoncera. En Isaacson actúan como producto de la voluntad individual o colectiva. Las circunstancias surgen del ejercicio del poder en los distintos niveles.
“Esto no es así por fatal decisión de un ‘fatum’ irreparable; más bien es el resultado de la creciente corrupción impulsada por los factores de presión que todo lo deciden, lo saber, lo comprenden, y del saber público.”
El autor rechaza la idea de las dos argentinas, presente en Mallea y Massuh, entre otros ensayistas, y exhorta a develar con valentía la realidad nacional para favorecer el crecimiento en comunidad:
“Debemos aproximarnos a la Argentina real, la única que existe, exponer sus contradicciones, dejar de lado los oportunismos y bucear en las razones profundas que impiden el despegue nacional. Esta actitud exige valentía, pues razonnar el país pondrá al descubierto estructuras supérstites que es imprescindible transformar.”
OTROS ITINERARIOS
Diferentes rumbos siguieron las indagaciones de otros ensayistas. En El ensueño argentino (1985) Carlos Alberto Loprete distingue la Argentina atlántica y la mediterránea. Para Marco Denevi, la Argentina es La República de Trapalanda (1989) donde vive un pueblo adolescente. Desde un mirador nacionalista, Marcelo Sánchez Sorondo, en La Argentina por dentro (1990), considera que el país se fue definiendo como resultado del juego dinámico de las energías que ponen en movimiento las personalidades de cierto genio. Un país de novela, de Marcos Aguinis, propone que el argentino es una persona habitada por la contradicción, hecho que no le preocupa demasiado. El autor no profundiza sobre el tema en su más reciente El atroz encanto de ser argentinos, limitado a la anécdota y al recorte periodístico.
EL ROSTRO DIFUSO
El ensayo argentino representa una búsqueda intensa y continua para construir y retratar el rostro del argentino. Tal actitud de los ensayistas implica que todavía desconocemos cuál es nuestra identidad. Pocas cuestiones quedan claras:
-Todos los ensayistas que indagan en el ser nacional piensan en el varón, indicio de un machismo generalizado.
-Domina una dualidad expresada de diferentes modos, pero reveladora de una personalidad partida.
-La inmadurez social se filtra por los poros de los individuos y los grupos, incapaces de conformar una comunidad.
-Fuerzas poderosas, telúricas y estructurales, resisten el afianzamiento de la identidad.
Los ensayistas nos proveen un identikit inconcluso. ¿Será esta condición parte de la respuesta? ¿Seremos los argentinos seres incompletos inmersos en una cultura provisional?
Bibliografía
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Castagnino, Raúl H.: Miniensayo sobre el ensayo. Folleto sin indicación de edición.
Clemente, José E.: El ensayo. Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1961.
Dijk, Teun A. van: Discurso y dominación, Bogotá, 2004.
Elissalde, Enrique: Historia, delimitación y perspectivas del ensayo. Revista “Razón y fábula” N° 10, Bogotá, 1968.
Fairclough, N.: Discurso y cambio social, 1992.
Kovadloff, Santiago: El ensayo en el espejo. Revista “La Mirada” N° 2, Buenos Aires, 1989.
Lancelotti, Mario A.: Apuntes sobre el ensayo. Diario “La Prensa”, Buenos Aires, 28 julio 1978.
Mazzei, Ángel: Notas sobre el ensayo en la Argentina. Revista “Meridiano” N° 3, Buenos Aires, 1978.
Mead, Robert G.: Breve historia del ensayo hispanoamericano. Ediciones De Andrea, México, 1956.
NOTAS
[i] Las citas de Radiografía de la Pampa corresponden a la edición de editorial Losada, Buenos Aires, 1965.
[ii] Las citas de Historia de una pasión argentina corresponden a la edición de Emecé, Buenos Aires, 1968.
[iii] Las citas de Psicología de la viveza criolla corresponden a la edición de Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 1970.
[v] Las citas de La Argentina como sentimiento corresponden a editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1982.
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noviembre 5, 2008Welcome to WordPress.com. This is your first post. Edit or delete it and start blogging!